1. El juego de boca blanda

Los canes deben aprender que un bocado suyo puede hacer daño, algo esencial cuando hay pequeños cerca.

El próximo ejercicio llamado «boca blanda» forma al cánido a fin de que no muerda y se puede practicar con el animal desde el momento en que cumple los 3 meses.

Este juego persigue que el cachorro entienda que no puede apretar su quijada de forma fuerte por el hecho de que hace daño.

«Para lograr que el cánido comprenda que su bocado hace daño, hay que dejar que muerda nuestra mano, mas solo hasta el nivel de presión que deseemos.

Cuando alcance esa mordida, hay que producir un pequeño grito», explica Davinia González, educadora canina.

La señal puede ser un «uy, uy» leve, jamás chillidos.

Esta voz va a ser el signo a fin de que el cachorro no ejercite más fuerza. Cuando el pequeño frena su mordisco, hay que premiarle con una recompensa comible, como unas sabrosas galletas caseras.

La presión de la mordida tolerada para el cachorro debe reducirse de forma paulatina hasta el momento en que el can aprenda a jugar «con la boca blanda».

 

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